La otra mascara del Santo

By Dante “Tiger Boy” Rodriguezel_santo

Mientras esperaba su turno para subir al ring, mismo donde dos luchadores se rompían el hocico, haciendo alarde de todo tipo de incoherentes acciones plásticas del cuerpo atacando al rival, un joven flacucho y desgarbado llegó sin ser casi notado a la arena Peralvillo Cozumel, en plena década de los 30’s. Su esperanza era,  ser acaso la mitad de buen luchador que era su hermano mayor, de quien aprendió las bases de la contienda.

Durante un buen tiempo, noches como esa se repitieron. Eran palizas, de las que quería olvidarse rápido para subir de nuevo a intentar ganar mas que aquellos 7 pesos, remuneración de su primera vez azotando el cuerpo. De tantas y tan frecuentes arrastradas, quiso “tirar la toalla” antes de convertirse en la anhelada figura. “No estas mal, solo te falta una pulidita. Búscame y ya veremos luego”. Y se decidió a visitar a Jesús Lomeli, su ángel guardián, casi con sabor a cuento su “hada madrina”.

Llevaba ya siete años en plan profesional. Y con algo parecido a trapos remendados sobre la cabeza se hacia llamar el “Hombre Rojo”. Del escarlata, el negro fue su aliado hasta que por hacerse el vivo y conquistar algo de reconocimiento, le quitaron la intención de crecer deportivamente a las costillas de Jesús Velásquez Quintero. Luego irónicamente el destino volvería a unirlos después de esa disputa por un nombre temerario, el de un murciélago enmascarado, pero en aliados de un oficio que les dio la fama.

“¿Que nombre quieres, Ángel, Diablo o Santo?”. Demonio negro y Diablo eran casi lo mismo, y ya pasados los anteriores tragos amargos, que mas daba como llamarse, así como el color de ambos personajes, no iban con el simplemente. En su mente nunca cruzaron las palabras fama, idolatría o culto. Un apellido tan común como el suyo, y ni que decir de su nombre, no eran imán de taquilla.

“Yo lo que quiero es luchar”. De sus propias manos, surgió el antifaz, y un pedazo de piel de cerdo, se transformo en su rostro. Pintada a mano, a brochazo limpio con una solución de cromo, se tiño la capucha. En suma modesta, artesanal e infernal, por carecer de ventilación apropiada. La experiencia de diversos oficios, entre ellos zapatero, le dieron esa habilidad para transformar un retazo de piel en una mascara genérica, casi sin diseño.

“Te toca chamaco, suerte”. Un simple gracias balbuceo apenas y mientras avanzaba por el pasillo de la arena, su transformación empezó. El nervio se cambio por coraje, y la timidez por valor.  Se rieron de su físico de niño, flaquito, casi inofensivo. Esperaba el monstruo de las mil cabezas que en cualquier momento, el imberbe resultara lastimado y llevado a rastras. A sus 24 años, aun la miel del verdadero triunfo no llegaba.

Ante tanta expectativa no supo de si. El cuerpo reacciono y se solazo cuanto quiso del enemigo. Un experimentado Ciclón Veloz (si, el mismo que fue abuelo de la cantante Estrella de la Academia), cayo dando tumbos por los rabiosos puñetazos, incontenibles y destructores del debutante. Destrozándole una y otra vez los genitales a punta de patadas, despertando a un animal salvaje interno y arrollador.

“Párenlo, cochino, sáquenlo”, no fueron suficientes para detenerlo. El réferi salió golpeado y sin camisa. Desgarrada en tiras a jalones, por meterse en lo que no le importaba. “¡Mira que Angelito, que Santito!”, “¡De Santo no tienes ni madres, pinche puerco!”, “¡chinga tu puta madre, culero!” y otras lindezas le gritó el publico como premio a su comportamiento canalla. Pero increíblemente, el contraste de su personalidad, con el nombre que portaba llamó la atención.

¿Como puede llamarse Santo quien solo puede pisotear, humillar, escupir y ser tan sucio en una lucha? Su inusual estilo lleno una y otra vez las Arenas donde se presentó. Fue en toda la historia, el primero en perder el día de su debut oficial, descalificado por exceso de rudeza. El coraje de ser un don nadie hasta ese momento rindió frutos. Y se repitieron esas tundas una y otra vez.   

Todo México quería ver a ese rudo, a ese mal nacido hereje que se hacia llamar “El Santo”. La segunda gran generación de luchadores estaba en boga y debían competir contra los maestros, los iniciadores, lo mas pulcro del deporte. Viajando en camiones “chimecos”, a lo largo y ancho del país, desde las mas importantes ciudades hasta las mas olvidadas rancherías, la mascara plateada se dio a conocer.

Después de incansables viajes, ya se hablaba en la prensa de un joven con singulares cualidades, de poca técnica, pero inusual aceptación del público. “Don Tony, quiero que me haga una nueva mascara, como que esta que traigo, ya esta muy usada”, le dijo al sastre de los luchadores, Antonio Hernández  Martínez, el que invento la mascara del Ciclón Mc kay. “Ta’ bueno, yo te la hago, nomas te tomo las medidas”.

“Oye muchacho, esta es una mascara de piel, no quieres una de tela?- le dijo el zapatero- hay unas muy resistentes y te van a quedar mejor”. Contesto entonces el solicitante “ahí usté sabe, nomas deme chance de pagarle pa fin de mes”. Con las nuevas medidas, y con materiales mas adecuados, salió así, la mascara con los ojos de alitas en telas de satín, usadas para tapicería automotriz.

Enfundado en su nueva imagen, con las grisáceas mallas, los botines pintados y el manto diamantino con fondo escarlata, así fue presentándose una y otra vez, hasta que se topó con un muchacho “pocho”, quien fuera uno de los dos primeros luchadores salidos de manos de Cuauhtemoc “el Diablo” Velasco. Con tales referencias, el susodicho completó al enmascarado. “tu no tienes técnica, pero yo si, yo no tengo carisma y a ti te sobra, tu eres muy atrabancado y yo soy bien terco…bonita pareja hacemos”.

Y asi empezaron, disímbolos como ellos solos, los dos en su abismal personalidad, se adaptaron con el objetivo de perfeccionarse. Gracias a Gory Guerrero, el Santo mejoro mucho su técnica, al grado que el acoplamiento entre ellos fue cronométrico. Entre sus dedicadas horas al gimnasio, Gory vario una llave con que noto efectos dolorosos y de rápida rendición al oponente.

“No pos así no se sale, mira, lo tienes tirado boca abajo, lo agarras de los dos brazos y te los acomodas sobre las rodillas, ahí le duelen los hombros y la cintura, si te recargas pa’tras, lo quiebras, tons lo sostienes del mentón, de la cabeza o de los pelos, pero que no se vaya el güey y uno queda sentado sobre el otro, a horcajadas”.

“Esta buena la llave, ¿y como le pusiste?. Pos mira, parece que lo agarras como caballito, quedas montado sobre el. LA DE A CABALLO, que asi se llame. Oye Gory, enséñamela, quiero aprendérmela-Sale pues, vente, así se hace-….” Y la historia se escribió hasta ser el sello inequívoco de su maestría. La firma del Santo, un regalo de su amigo, compañero, hermano del ring.

Aunque con la magistral ejecución domino a miles de rivales, el Santo no siempre triunfo con la llave-castigo del jinete. Uno de tantos no creyó en el, y fúnebre, elástico, espectacular, adelantado a su tiempo, la sombra negra salió a su paso, buscando oscurecer su brillo plateado. Días antes, Black Shadow espetaba un rápido triunfo sobre el joven Guzmán.

El primer y mas emblemático combate de apuestas, bien contra el mal, representado en hombres, colores y  estilos no pudo tener mejor sede que un Coliseo, lleno de ávidos espectadores, divididos en porras y aplausos, conjuntando 11000 y pico de almas, testigos del termino de una apuesta y el inicio de una enconada, larga y sostenida rivalidad. Shadow era solo la sombra que proyectaba un gigante azul.

La ruda Santidad del plateado, quedo opacada con el tempestuoso arsenal de técnica y fiereza del hombre que nació para ser su némesis. Sello su antipatía sangre de la nariz y boca provocada por el doloroso puñetazo de unas “manotas”. Caído su compadre, Blue Demon se descubrió como el verdadero rival del Santo. Si apenas pudo vencer a la sombra, no lo haría entonces con el demonio.

Y así fue. En dos caídas al hilo se lo llevo la primera vez, para demostrarle con quien se había metido. Y nuevamente en dos, le quito el campeonato mundial welter de quien seria el eterno máximo exponente de esa categoría. Solo dos monstruos como ellos podían hacer ver chico el ring, algo que no se ha vuelto a ver en años. Las derrotas como esa hicieron madurar al enmascarado de plata.

Aunque conquistó una mascara valiosa, se gano también un enemigo formidable, el más temible de todos, un irónico Demonio Azul. Aunque a la comercialización del cine les agradaba tenerlos juntos como combatientes de todo tipo de amenazas del mas allá y del mas pa´ca, apenas se hablaban, tomaban caminos separados y mantenían el celo profesional a flor de piel.

Salvando las respectivas distancias, cada cual siguió su camino. El santo hizo una de las más inverosímiles y exitosas carreras deportivas en los anales de la historia a nivel mundial. Reconocido como estrella de cine, líder nato de la opinión popular y singular campeón, en mas de 15 mil combates dio muestra palpable de que a los 44 años de actividad profesional, tres generaciones corearon su grito de guerra solo para acrecentar su legado.

El nombre Santo, hoy una marca registrada comercialmente, misma que en su momento llego a 550 mil ejemplares mediante una historieta a modo de foto montaje, en las que aparecía un formidable justiciero enmascarado, fue ideado como tal por José Guadalupe Cruz, dibujante y escritor, encontró a su héroe en una arena de lucha libre…y de un aguerrido esteta del golpe, lo transformo en súper héroe.

Protector de los desamparados, hombre sabio y de inquebrantables valores morales, conocedor de poderes y lugares ocultos que la ciencia negaba su existencia, amigo intimo de lideres mundiales, de la realeza y de los mas necesitados. Atleta de alto rendimiento, hábil jugador de cartas, ajedrez y galán, conquistador de las mas hermosas y refinadas mujeres, agitador de envidias en los corazones masculinos, incansable defensor de la humanidad.

Santo se deshizo de Cruz de la misma manera que de sus enemigos ficticios, a través de las leyes que juraba hacer respetar. El editor se quedo con las ganas de desenmascararlo en los tribunales y quedarse con los derechos de autor del personaje llamado Santo, el enmascarado de plata.  Ahora, su nieto Axel, encara la demanda contra su tío, El hijo del Santo, por el derecho de hacer valer el lazo consanguíneo y participar de la fama heredada del primer ídolo.

Pese a tales asuntos, no se ha perdido el brillo de la singular figura heroica. Los inquebrantables valores que el Santo ha transmitido en una de las mas bizarras formas, a través del cine, y una endeble mercadotecnia que raya desde la piratería a los mas elaborados suvenires, sigue vigente a 25 años de su partida física. Las nuevas generaciones, saben del santo gracias a su esencia kitsh, lo retro o “lo cool”. Sin embargo, no se debe nunca olvidar tres importantes aspectos.

El santo, siempre será nuestro héroe de carne y hueso, único en el mundo.

El santo, ha roto todas las barreras socioculturales y sigue vigente.

El santo, enmascarado de plata, es el rostro de identidad de todo un pueblo lleno de luchadores sociales…¡¡¡Santo, Santo, Santo!!!

Dante Damián Rodríguez Reyes es Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Especialista en Periodismo y Diseño Gráfico. Ha sido Conferencista y analista deportivo sobre el tema Lucha Libre en diferentes medios de comunicación, universidades y eventos masivos a nivel nacional en los últimos 10 años.

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