
Tuvieron que transcurrir nueve largos años para que los Yanquis volvieran a hacerse llamar campeones. Costó muchísimo dinero, años de frustración, sufrimiento y de cuestionarse si el rumbo que tomaban era el adecuado.
Los refuerzos costaron cerca de mil 600 millones de dólares, pero anoche, cada centavo gastado en ellos valió la pena.
Los Yanquis derrotaron a los Filis de Filadelfia y les arrebataron la corona que ostentaban, en el Juego 6 de la Serie Mundial 2009 por pizarra de 7-3.
La clave de los Mulos del Bronx para lograr el campeonato fue una poderosa y temible ofensiva que conectó 244 cuadrangulares en la campaña regular y una armonía que después del Juego de Estrellas lució inquebrantable.
Salir de Filadelfia con dos derrotas fue una pesada carga con la que los Filis ya jamás pudieron lidiar, amén de los desplomes de su cañonero estelar, Ryan Howard, y el cerrador de confianza, Brad Lidge, en el Juego 4, cuando la balanza aún podía inclinarse en favor de los entonces campeones defensores.
Un veterano Pedro Martínez, el abridor del sexto juego, se vio afectado por una gripe con la que subió al montículo y batalló mucho para emular a aquel lanzador que en 2004 pudo domar a los Yanquis, pero cinco años después, todo fue distinto.
El jonrón de dos carreras del japonés Hideki Matsui (el Más Valioso), en la segunda entrada, fue el primer golpe para poner arriba a los Yanquis 2-0.
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